domingo, 9 de octubre de 2011
PINTURA DECORA-DESPACHOS
Al inicio de este curso supe que a los alumnos de grado que entrarían este año en la facultad se les ofrecía la posibilidad de asistir a unos cursos "preparatorios" que llebavan los siguientes nombres: "Aprender a hablar como un artista", "aprender a escribir como un artista", y alguna cosa más por el estilo.
Aunque este artículo lo escribo con la intencion de despotricar contra estas bonitas iniciativas, tristemente debemos admitir que la carrera de bellas artes hace ya tiempo que podria reducirse a estos dos cursos. Realmente, de lo que aprendemos a lo largo de la carrera, las habilidades relacionadas con esto, casi siempre adquiridas por cuenta propia, parecen ser lo único que nos será de utilidad tras licenciarnos; al menos eso deduzco de la actitud de la gente, tanto de gran parte de los profesores como de gran parte del alumnado. La palabra Artista está adquiriendo ese significado que le otorgaba el populacho practicamente ajeno al mundo de la alta cultura hace unas décadas: es decir, alguien desenvuelto, caradura, farandulero, una especie de charlatán de feria.
Lo cierto es que una de mis ilusiones sigue siendo ser artista, pero se perfectamente que mi carácter antisocial impide casi por completo que sea esa mi profesión oficial. Para ser franco conmigo mismo, debo aceptar que no me veo como el centro de atencion en una inauguracion-degustación de "canapeses" riendo las gracias de aficionados y coleccionistas snobs.
Eso sí, me permitiría dar el consejo a los futuros artistas de que cojan la costumbre de cubrirse las espaldas los unos a los otros, ya que solo así podrán mantener embelesados a los aficionados externos al gremio, quiero decir, que si tienen éxito estos cursos que se proponen impartir a cada nueva generación, al final los pertenecientes a la profesión serán demasiado conscientes de su "secretito" como para tener credibilidad; el secreto es, claro, que todos son programados para hacer la misma basura, que perfectamente se podria sacar al mercado en "tiradas" de miles de ejemplares, y adiestrados para vender cualquier cosa mediante el uso de un "spanglish" ridículo, algúnos tecnicismos sacados de algun artista metido a pseudofilósofo, etc. Aunque como de lo que se trata ya es de ganar dinero con lo que sea, tambien es posible que a los ricos aburridos que coleccionan arte esto básicamente se la sude.
Hice hace poco la siguiente reflexión, como casi todas las que hago, en tono de broma, pero con algo de cierto, seguramente: Cuando el arte se creaba para servir a Dios, era necesario sacrificarse todo lo posible para crear algo que al menos le demostrara respeto; se podría decir que hace unos siglos la profesión de artista era, si no la mejor considerada socialmente, al menos, para el artista que creía en lo que hacía, la más seria de todas. ¿Que ocurrió? que cuando el artista ya no tiene que responder ante Dios, sino solo ante un hombre, y además a ese hombre que le patrocina le da igual la calidad de la obra porque es experto en estafar, pues el arte acaba por ser una mierda.
Ahora que hace más de un siglo que se agotó nuestra vieja fé, y algunas decadas que nos vimos decepcionados por las ciencias en cuya segura corriente nos habíamos abandonado, la sociedad posmoderna, busca modelos en culturas que hace siglos se contentaron con simplificar la realidad.Parece que uno de los lemas de nuestra sociedad es ese que siempre ha estado tan de moda en España: "Lo de fuera, sea lo que sea, es mejor". Así que ahora nuestro exquisito y minimalista gusto ha decidido que el arte debe perder todo ápice de misticismo, y servir a una causa tan noble como es decorar oficinas y maquetar revistas.
En mis últimos años de estancia en la facultad he vivido la pesadilla del "Pedant Art"(Arte pedante). Este arte no existe: solo es hablado. Y lo importante es utilizar argumentos de autoridad, nombrar algún precursor, y utilizar palabras en inglés o alemán. O si puedes, rematar con un poema "haiku".
De todos modos, cuando llegue el momento de decidir si paso por el aro o prefiero cargar cubos de hormigón en una obra, será cuando me encuentre realmente conmigo mismo.
A propósito de todo esto, si encuentro el enlace para ponerlo por aquí, os recoméndaré un documental llamado "La gran burbuja del arte contemporáneo". Mucha gente lo habrá visto ya, supongo, porque debió hacerse al poco de notarse las primeras manifestaciones de la crisis mundial, pero para quien no lo haya visto, no tiene desperdicio ver como el "gafapastas" de Damien Hirst y la casa de subastas con la que estaba compinchado especulaban con obras que ya no compraba ni Dios.
Una obra de Karla Black, finalista del premio
Turner 2011. Sí señora, con un par.
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Ofrecer la imagen adecuada, puede ser vital para ciertas actividades, con independencia de que existe un importante factor cosmético. Nadie prescinde de las posibilidades cosméticas.
ResponderEliminarTe sugiero que desarrolles lo que supone trabajar para un mercado o para instituciones públicas o privadas (caso de España)