Cuando hace un par de años leí 1984 de Orwell, me encontré ante una crítica del Comunismo tan exagerada en apariencia que resultaba en parte disparatada o ingenua cuando menos, y en parte también provocadora de una sensación de extremo agobio. Lo que leía me pareció tan llevado al extremo, tan delirante, que cuando supe que posteriormente se hizo también una película basada en el libro, no quise verla, por parecerme demasiado dificil recrear la atmósfera ultradesasosegante de la novela. Como he escuchado solo malas críticas respecto al filme, no tengo intención de verlo; pero dejando esto a un lado, adonde quiero ir a parar es a que, tras visitar esta exposicíon, he llegado a la conclusión de que no era tan difícil concebir una sociedad tan parecida a la de la Rusia Comunista. Es cierto que muchas de las actividades que desenmascararon la abominable maquinaria alienante en que se habia llegado a convertir la URSS (experimentos de lavado de cerebros y control mental, el GULAG y los campos de concentración, genocidios, etc) saldrían a la luz muchos años más tarde, pero cualquier extranjero que se hubiese paseado por las calles de, por ejemplo, el Moscú de la época, habría salido corriendo de allí de poder hacerlo.
Bien es cierto que, si a mi me causó tan fuerte impresión el imaginar ver alguno de los carteles de la muestra por la calle, hay que tener en cuenta que, al ser la formación (y/o al menos la cultura visual) de la sociedad de la época menos "sofisticada", es comprensible que no les chocara tanto el estilo poco sutil de la propaganda comunista.
Un buen ejemplo de este estilo sería un cartel (imagen sobre estas líneas) en el que aparecía el bueno de Stalin sentado frente a su mesa con una pluma en la mano, frente a un papel en el que escribía algo, a la luz cálida de una lámpara, y con una sonrisa paternal en su bigote; debajo de esta escena, el cartel rezaba: "en el Kremlin, el camarada Stalin cuida de todos nosotros" (si no recuerdo mal).
Otro ejemplo podría ser la maqueta de un proyecto de una escultura de Lenin situada entre dos torres de la red eléctrica, con los cables de alta tensíon tendidos tras su cabeza, de una torre a otra.
Y me viene bien recordar estos ejemplos para hablar de otro aspecto del arte soviético que, aunque me llama menos la atención que las obras nombradas, me interesa por lo irónico de lo que sería, en parte, legado suyo en el arte posterior. Hablo de contraponer a ese estilo figurativo del Realismo Socialista, el de los constructivistas, claro.
Sobre estas líneas, dos obras de Aleksandr Rodchenko
Lo cierto es que, si en un principio me parecía ingenuo pretender formar el pensamiento y comportamiento de las masas mediante un nuevo simbolismo creado a partir de formas geométricas, admito que sí veo la posibilidad de cierta eficacia si se presenta en un contexto verbal relacionado ( ver: ilustraciones de E. Lissitzky para "Historia de dos cuadrados" ); pero insisto en que, una vez más, como ocurriría con frecuencia en décadas posteriores, la "elite" artística menospreciaba el poder de una cultura visual formada a lo largo de siglos de historia. Es como si hubiesen dicho: " vamos a lavarles el cerebro sin que ni siquiera se den cuenta", obviando que cualquier humano está más predispuesto a dejarse manipular por quien le es más familiar.
Así que, como decía, no deja de ser irónico que un arte creado para conseguir que ciertas ideas calaran más hondo, casi podría decirse que en el inconsciente, acabara (aunque eso sí, puede que fuera mayor la influencia del suprematismo, que por otro lado, también inspiró a los constructivistas) siendo un antecesor del arte más desprovisto de significado que hasta ahora ha sido capaz de hacer la especie humana, un arte tan inocuo que cualquier oficina bancaria puede exhibirlo en algún despacho sin temor a ofender a nadie o violentar a nadie, o de perder clientes.
Un cartel obra del grupo de caricaturistas Kukriniksi.
Canción: Stalin, el hombre de acero, Grupo: Proletariatets Befrielsesorkester
(o algo así)




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